Las tinieblas del amor…

Día a día nuestros hijos van creciendo a nuestro lado. Como padres y madres, como profesionales de la educación o como personas adultas, nos preocupan muchas cosas de sus vidas, de lo que sienten y de aquello que les sucede… Y hay algo que se vive en silencio, de lo que poco o nada se habla; más bien se calla… 

Cuando se pronuncia la palabra, todavía muchas personas adultas se sonrojan, se alarman o miran hacia otro lado… 

 Hablo de la sexualidad en todas sus facetas y matices:  en la infancia, en la juventud, en la vida adulta y en la persona anciana.

 Desde antes del nacimiento, la sexualidad forma parte de nuestras vidas y va configurándose conforme crecemos, hasta que morimos. Sin embargo, socialmente seguimos comportándonos como si no existiera… 

Nos preocupa mucho que nuestros hijos e hijas vean pornografía, pero no siempre sabemos cómo hablar con ellos de sexualidad en casa. En las escuelas se acompaña poco o nada con naturalidad, información y sensibilidad. Sigue vigente la doble moral en edades cada vez más tempranas. La primera polución nocturna aparece sin que nadie le haya contado al joven que puede pasar. El primer beso se da condicionado por lo que ven en las redes. E ir más allá, ni se sabe qué es ni cómo se hace, solo, a veces, por referencias de colegas que ya lo han hecho o de videos en redes.

 Poco a cambiado aquí desde hace 40 años y, al leer esto, diréis… Anda ya, estamos en el siglo XXI y hay una gran liberación sexual… somos dueñas de nuestro cuerpo, solo el sí es si… Pero, no hablo de leyes, que por supuesto hemos progresado en algunas cosas.  Hablo del cuerpo y la sensualidad; de las miradas y el contacto; del deseo, el placer y el orgasmo; comunicación y energía entre dos personas; lubricación, fluidos; sentimientos, afectos y emociones…

 Como sexóloga que acompaña a jóvenes, mujeres y hombres, como maestra que acompaña a infancias y familias, y como Psicoterapeuta, sigo encontrándome muchas dificultades que podemos creer superadas. Sigue habiendo poca educación emocional, empatía, escucha y una verdadera mirada hacia la otra persona. No se sabe cómo ponerse un preservativo con 16 años. Algunas jóvenes no han oído hablar de la píldora del día después. Los preliminares brillan por su ausencia o se hacen porque algo hemos oído y dicen que toca, pero lo practicamos de una manera fría y mecánica muchas veces sin detenerse a escuchar el propio cuerpo ni el de la otra persona. El clítoris sigue siendo un gran desconocido para muchas personas, incluso para algunas mujeres, al no siempre poder conocer el cuerpo con libertad y sin culpa. Resulta difícil saber que nos produce placer, expresarlo y escuchar y conocer los deseos y límites de la otra persona; Si nunca hemos hablado de sexualidad ¿Cómo vamos a poder decirle a nuestra pareja qué nos gusta, qué deseamos, qué no queremos o qué necesitamos?

 ¡Y luego… como decía al principio, nos da miedo que vean porno!

A mí me da miedo que no disfruten. Me da miedo que reprimamos en la infancia la curiosidad, el descubrimiento del propio cuerpo y las manifestaciones naturales de la sexualidad. Que, en la adolescencia, limitemos la posibilidad de explorar desde el cuidado, el respeto y la información. Que reduzcamos el encuentro sexual a “correrse”, como si el placer solo estuviera en llegar al orgasmo y no en todo lo que se siente, se comunica y se comparte… Que no podamos hablar con naturalidad desde bien pequeños del amor, del sexo, de la genitalidad. Que los afectos queden cada vez más delegados al miedo.

 

¡Me da miedo, el silencio! Ese silencio que se transmite de generación en generación, que nos limita, y que nos hace ignorantes de nuestro cuerpo, de nuestro disfrute y de nuestro placer… 

 

Me da miedo, el miedo al amor…

Imma Serrano Hortelano, psicoterapeuta caracteroanalítica, sexóloga y maestra. 

www.immaserranohortelano.com

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